Este fin de semana lo hemos disfrutado en Zaragona, en el enlace de un compañero de trabajo de E.
Salimos para allí el sábado, después de dejar a Buck en casa de mis padres, eufórico por verles y deseoso de hacer todas la trastadas posibles en una nueva casa, llena de nuevos olores y millones de sitios para inspeccionar.
Después de la ceremonia, las felicitaciones y los emotivos momentos, nos dirigimos en medio de una Zaragoza realmente fría, al hotel donde se celebraría el convite.
No se cómo los camareros podían servir el cocktail en mangas de camisa con el frío que hacía. Yo no me sentía los deditos de los pies... Sorprendente.
Todo estuvo genial, buenos alimentos y bien preparados. Pero claro, en este tipo de celebraciones por poco que intentes comer, acabas con el estómago bien lleno y con la sensación de no necesitar más alimento hasta dentro de dos días. Desde luego, no cenamos nada.
Pero ayer, al despertarnos, fuimos a desayunar al buffet del hotel.
Normalmente, desayuno un café con leche y un mini bocadillo, quizá a media mañana, también una fruta.
Pero cuando estoy en un hotel, desayuno por dos. Me pasa sólo a mi?
Será por gula, por la presentación o por la comodidad de poder elegir un desayuno sano, equilibrado sin la necesidad de pasar por la cocina y sin las prisas del día a día. Supongo que es por esto último, el caso es que siempre me pasa lo mismo (me alegraría saber que no soy la única).
Después del desayuno, nos dirigimos ya, de vuelta a Barcelona, pero cuando llegamos, fuimos incapaces de tomar nada diferente a la crema de verduras que veis.
La recuperamos del congelador ya que hacía un par de días que la había hecho y había tomado las fotografías, pero nos sentó de maravilla al aliviarnos del frío y aligerarnos las digestiones.
Que tengáis una feliz semana!